El galardón, instituido por la Fundación Cruzcampo, premia a una pareja creadora de coplas significativas desde el año 1978. En 1977 comenzaron en el mundo del Carnaval como componentes del coro 'Los dedócratas'. Con ese bautismo en la fiesta, cargado de significado, estaban destinados a hacer cosas importantes. Un año después dejaron para la historia, escribiendo al alimón, el tango de 'La guillotina' dedicado a los disturbios entre policías y trabajadores de Astilleros ocurridos en octubre de 1977. Fue la primera de su ramillete de letras famosas. José Manuel Gómez y Emilio Rosado, matrimonio de hecho carnavalesco, recibirán esta noche el VII premio Baluarte del Carnaval, concedido por la Fundación Cruzcampo y dotado con 6.000 euros. Aunque sus primeros éxitos estuvieron ligados al Concurso del Falla, revitalizando la modalidad de chirigotas con un pelotazo como 'Los cruzados mágicos' y aportando sus respectivos ingenios a 'Los cegatos' o 'Los cubatas', el jurado de este galardón ha tenido en cuenta sobre todo su aportación al Carnaval en la calle. De hecho, en los últimos años el boom de las llamadas ilegales tiene mucho que ver con la chirigota de 'Los fantasmas', para las que habitualmente han escrito desde principios de los 90. En cuartetos también tuvieron una especial intervención en 'Tres notas musicales', la despedida a lo grande del Peña y El Masa.
El jurado del Baluarte del Carnaval está presidido por el catedrático de Historia Alberto Ramos Santana y compuesto por José Joaquín León, director de Diario de Cádiz, Miguel Villanueva, autor e investigador carnavalesco, Marcos Zilbermann, odontólogo y también estudioso de la fiesta; el profesor Pedro Payán y Julio Cuesta, director gerente de la Fundación Cruzcampo. Gómez y Rosado sucederán a los anteriores premiados: Enrique Villegas, Pedro Romero, Paco Campos, José Peña Herrera, El Peña, Agustín González, El Chimenea, y Antonio Martín.
Noticia del Diario de Cádiz

Emilio Rosado y José Manuel Gómez demuestran su ingenio durante la entrega de la séptima edición del Baluarte del Carnaval.
Hasta "mi vecina Carmeluchi", auténtica musa de los galardonados, tuvo su momento de gloria en la entrega de la VII edición del Baluarte del Carnaval que recibieron José Manuel Gómez y Emilio Rosado en la noche del viernes. De la mari protagonista de muchos de sus cuplés y de los que les han acompañado en la aventura carnavalesca desde 1977, muchos de ellos presentes en el acto, se acordaron ambos autores. Tras una cena ofrecida en el parador Hotel Atlántico por la organización del premio, la Fundación Cruzcampo, la ceremonia tuvo a Carlos Ordóñez como conductor, acordándose éste del presentador de las seis ediciones anteriores, Pepe Benítez, quien no pudo asistir al encontrarse delicado de salud. Julio Cuesta, director gerente de la Fundación Cruzcampo y secretario del jurado, leyó el acta de nombramiento y a continuación fue el presidente del jurado, Alberto Ramos Santana, quien tras unas breves palabras no exentas de guasa dio paso a Marcos Zilbermann. El odontólogo gaditano recordó su amistad con los premiados y dio un repaso por el currículum de ambos tanto en el Falla como en la calle, prácticamente desde 'Los buscaoros' hasta 'Los bajancias'. "Nunca figuraron, no sé si por modestia o por engañar a Hacienda", apuntó Zilbermann.
El presidente de la Fundación Cruzcampo, Carlos Piñar, hizo entrega a Gómez y Rosado de la estatuilla creada por el escultor Alfonso Berraquero y les impuso la insignia de oro. "En nosotros se han personalizado los méritos de mucha gente", aclaró Gómez. Por ello, y ante la imposibilidad de partir en dos la escultura, no así la dotación de 6.000 euros, Gómez pidió la presencia en el escenario de Juan Rexach, uno de los componentes de sus chirigotas callejeras, y le hicieron depositario de la estatuilla. Desde 'Los dedócratas' hasta la misma chirigota del Love, con la que colabora actualmente, José Manuel Gómez nombró a muchos y buenos carnavaleros como el Peña, el Masa y Gabi, de 'Tres notas musicales', o el propio Paco Rosado, de quien dijo que fue "el auténtico baluarte" de 'Los cruzados'. Cómo no, hubo recuerdo para los 15 fantasmas, con guiño a los cuplés de Caracol, "que gustan aquí y en La Habana".
Después de la extensa lista de agradecimientos, Gómez remató la faena diciendo que "no está bien que repartamos el dinero entre todos, porque íbamos a tocar a muy poco". Entre las risas del respetable, el coplero finalizó señalando que "no tenemos muy claro que el Carnaval nos deba algo, pero la cerveza Cruzcampo sí nos lo debía".
En la misma sintonía estuvo Emilio Rosado para afirmar que el dinero del premio revertiría de nuevo en la Cruzcampo, empleado "para comprar muchas litronas". Aunque reconoció que nunca buscó personalismo en el Carnaval, sí admitió que a estas alturas de la vida "es bueno atrincar lo que te den, ya que la Medalla del Trabajo, ni olerla". En su cómico discurso, Rosado evocó los primeros momentos de sus agrupaciones callejeras, "cuando nosotros éramos los que perseguíamos a la gente para que nos escucharan". Aseguró igualmente que "muchas veces terminábamos cantando a los maniquís de Galerías Preciados".
Para cerrar la tanda de discursos, Carlos Piñar destacó que "Cruzcampo reconoce que Cádiz es Cádiz" y recordó el compromiso de la firma cervecera con las costumbres andaluzas. El colofón al acto lo pusieron Salvador Fernández Miró con su romancero Herodes y la chirigota de los dos galardonados, que actuó con el tipo de 'Los sibaritas'. Uno de sus componentes, Antonio Matos, solicitó al Ayuntamiento canalizar la cerveza Cruzcampo a través del subsuelo a semejanza del cableado de ONO, "para que así llegue directamente a los grifos de nuestras cocinas". De arte.
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