En la página www.taratachin.com he encontrado este comentario y os lo pongo para que lo leais y comenteis algo. Un saludo
Cuentan que en una ocasión, en un pequeño pueblo, ni cerca ni lejos, ni aquí ni allí, habitaba una familia con dos hijos, el mayor tenía diez años, el pequeño, solo tres. Casi tuvo el hermano mayor que discutir con su madre para que no contratara una niñera esa noche. La madre le decía que él no podía quedarse con su hermano, que él no podía hacerse responsable. No podría hacerle de comer, ni acostarle, en definitiva, que no podría. Cuando la niñera, veinteañera de pelo colorido y hormonas que siempre se visten de seda, recibió la llamada de su novio, no dudo en salir a la esquina a verle. Mientras, a doscientos metros de aquel romántico encuentro, no se sabe si por una chispa, un cigarrillo mal apagado o simplemente, porque sí, la casa de nuestros hermanos ardía en llamas. El hermano mayor, confuso y muerto de miedo supo entonces que algo tenía que hacer. Cuando los bomberos acabaron de apagar el fuego, aún con el olor del humo mas negro, y la satisfacción ungiendo las quemaduras del miedo, el mas joven de ellos dijo: - ¿Cómo ha podido un niño de diez años romper el cristal con sus propias manos, cargar a su hermano pequeño en una mochila y golpear la red metálica de esa ventana hasta salvarse? Otro bombero, mas viejo y mas sabio le contesto: - Seguramente, porque no había a su lado ningún adulto diciéndole que no podría –
El Carnaval es algo parecido, la mayoría de nosotros somos tan ineptos que ni siquiera sabemos hasta donde podemos llegar.
Los concejales malagueños, almerienses y sevillanos se van de fin de semana en Cádiz, que es donde está lo bueno. Van al carnaval como muchos de los que van al Rocío, sin fe. Se creen que esto es una manifestación popular, una fiesta, pero solo los carnavaleros, los que cantan y los que no, tenemos derecho a llamarle fiesta.
Las autoridades se ponen medallas, porque “permiten y apoyan la celebración del carnaval”, en mi opinión, sería mejor que no lo hicieran. Sería mejor porque la espontaneidad del carnaval es lo único que puede hacerlo grande. Pero les da igual, porque saben que no podemos. Se permiten poner sonrisita de compromiso en las finales, sin darse cuenta que su corto intelecto no puede evitar que el subconsciente le hagan mirar el reloj cada cinco minutos, que a las doce echan el resumen de Operación Triunfo y ya está bien de carnaval. Saben que no podemos.
Los políticos son todos iguales, y por desgracia, incluso los que hacen política en las peñas, los que se creen dueños del carnaval porque lo organizan, porque obligan a los grupos a ir y venir, como patitos de feria a su antojo, como títeres sujetos a los hilos hipócritas de un premio, a la cruceta de nuestra propia codicia.
Pero saben que no podemos. No se si tiene mas delito que un alcalde señale a dedo quien debe ganar o al menos, quien no debe hacerlo, o que lo haga un peñista.
Para colmo, nosotros, adulterados, acostumbrados fantoches de teatro (gracias a Dios, no todos) le bailamos la samba año tras año; le regalamos los oidos con piropos mercenarios, a veces incluso lejos de nuestro pensar. El pensamiento le está ganando al sentimiento en los folios cobardes de los letristas avariciosos, de los artistas de hielo, que se derriten en cuanto el primer sol valiente de la primavera aparece en el pasacalle de Torremolinos. Los que son tan tontos que se creen que comprando aplausos la gente le respeta mas, iditotas. Y todo, porque saben que no podemos. Y lo saben, sobre todo, cada vez que entonamos un “si, wana” sumisamente atormentado. Claro que no podemos, si dicen que querer es poder.
Yo solo llego a una conclusión, deberíamos revelarnos como pueblo contra los que se llenan la boca de pueblo (lejía antes). Porque una de dos, o cambiamos ahora o no habrá vuelta atrás. Porque si es que logramos que esto sobreviva, lo hará solo como acontecimiento musico-recreativo, y se irá a tomar por el culo el sufrimiento de los que vendieron su vida a cambio de esta libertad tan mal aprovechada. Porque, al igual que en otras celebraciones, en el carnaval, los hijos primogénitos de la gran puta con pasta, serán los que compren la casa mas cerca de nuestra ermita, serán los que, borrachos de apariencia, conduzcan este palio de coplas hasta su encierro definitivo, sin templo.
Una de dos, o les demostramos que podemos, o lo metemos fuego a la casa y nos lo demostramos nosotros.
Firmado: El Aprendiz de bombero
Rafa — 24-08-2005 19:42:20
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