Después de un forzoso parón en lo que a música carnavalesca se refiere para dar cuenta de los nombres de las agrupaciones para el próximo concurso del Falla y, por ende, próximo Carnaval de Cádiz, volvemos a hablar de acordes y, en esta ocasión, de cadencias, concretamente, de la cadencia andaluza aplicada a los “palos” (tomando prestado el término del toque flamenco) carnavalescos. Antes de meternos en materia, aclarar qué es una cadencia. Cadencia, referida a la guitarra, es una secuencia de acordes; lo que los contemporáneos flamenquitos llaman “rueda”, adaptando un término anglosajón a la guitarra española. Una cadencia de acordes son un grupo de tales que armonizan a la perfección, haciendo conducir, en el tiempo, la melodía desde un principio, a partir de la tónica, a un fin, que puede acabar suspendido en la dominante o terminar en la tónica, al igual que empezó en ella, pero casi siempre en distinta nota que le pertenezca, o sea, le sea acorde.
La cadencia que vamos a conocer en esta ocasión es la denominada “cadencia andaluza”. Está formada por la tónica La m, seguida de la sensible Sol M, la superdominante Fa M, para acabar en la dominante Mi 7. Todos estos acordes obtienen su cualidad de “sensible”, “superdominante” y “dominante” con respecto a la “tónica”, en este caso La m, como vemos. También se puede adornar el paso entre estos acordes con sus correspondientes dominantes, tanto en novena como en séptima u onceaba, quedando toda la cadencia de la manera que sigue: La m - Re 9 (ó 7) - Sol M - Do 7 - Fa M - Si 7/9/11 disminuido - Mi 7 - La m. Y añadir que se puede transportar la cadencia andaluza a otras tonalidades, como son la de Mi m (Mi m, Re M, Do M, Si 7, Mi m) y la de Re m (Re m, Do M, Si M, La 7, Re m). Pero antes de hablaros de cómo se aplica la cadencia andaluza a las coplas carnavalescas, os contaré un poco de su historia.
El origen de la cadencia andaluza, como su nombre indica, es andalusí o hispanomusulmán. Dicho de otra forma, la cadencia andaluza -o andalusí-, al igual que otras muchas cadencias occidentales contemporáneas, tiene un origen oriental, concretamente árabe y, por situación geográfica en donde más se desarrolló, andalusí. Estudiando al músico y filósofo hispanomusulmán del siglo IX, Al Fabrim, llegaremos a la conclusión que la armonía (esto es: la sucesión de acordes para comúnmente acompañar a la melodía, siendo acordes un mínimo de tres notas que suenan al mismo tiempo y que, a su vez, suelen, o no, acompañar a la melodía, ya sea ésta instrumental o vocal) no es un invento de los músicos occidentales, concretamente los renacentistas o prebarrocos (eso sí, en el barroco comenzó su imparable auge e importancia sonora hasta nuestros días), como muchos podrían suponer. La armonía la inventaron los antiguos árabes, incluso puede datar de la época preislámica (antes de la aparición del profeta Mahoma). Ya en “Las mil y una noches”, recopilación de los cuentos árabes contados por Sherezade para salvar su vida cada noche que realizó el viajero y aventurero inglés Richard Burton, hay cuentos donde se describen veladas amatorias amenizadas por una serie de músicos que, al leer las descripciones de cómo tocan los instrumentos, se puede deducir que algunos de éstos hacían de simple acompañantes de otros más protagonistas, pues llevaban todo el peso de la melodía. También es verdad que la música árabe contemporánea y clásica, al igual que la barroca occidental y, sin ir más lejos y yendo más lejos al mismo tiempo, el jazz, se basa en melodías contrapuntísticas (melodías que, a partir de una principal, se van yuxtaponiendo entre sí, a veces siguiendo la misma línea y otras como respuesta en sentido contrario, como si de espejos melódicos se tratase).
Ya no sólo me baso en mis lecturas sobre los famosos cuentos de Sherezade ni sobre el tratado de armonía del músico y filósofo cordobés del siglo IX Al Fabrim, sino que hablando con un músico de sesenta años que toca el kanum (cítara árabe horizontal que se toca acostada sobre los muslos) en la tetería Gharnata (nombre árabe de Granada), éste nos fue contando a Yawad (el dueño de la tetería y un buen amigo) y a mí cómo la armonía se ha perdido del todo de la música árabe, aunque ahora hay un intento de recuperarla, sobre todo partiendo del tratado de armonía del músico y filósofo andalusí nacido en la Córdoba del siglo IX, Al Fabrim...
Volviendo al tema de este artículo, escuchando el kanum de este veteranísimo músico que ha tocado incluso con El Lebrijano, podemos comprobar auditivamente cómo la cadencia andalusí es el origen de nuestra cadencia andaluza actual, sobre todo porque suele terminar siempre sus conciertos de los miércoles por la noche en la tetería, acompañado de un tocador de dumbe (instrumento de percusión parecido a la darbuka pero de muy distinto sonido), de un tema andalusí que contempla lo que hoy conocemos como cadencia andaluza.
Ahora apliquemos la historia a los músicos carnavalescos. Los autores y directores de carnaval suelen escuchar toda clase de música para después crear la presentación o alguna cuarteta del popurrí, pero sobre todo en las décadas de los setenta y ochenta escuchaban mucho rock progresivo y, sobre todo, rock andaluz, tan basado en la cadencia andaluza, sin ir más lejos. No es gratuito que Antonio Martín utilizase muchísimo esta cadencia en sus comparsas de aquellos años, como es el caso de la presentación de “Andaluces por el mundo”. Las comparsas de la capital de aquella época utilizaban esta candencia sobre todo para la presentación y algunas cuartetas. Pero la comparsa del Puerto, la de los Majaras, incluso han basado en esta cadencia pasodobles enteros, como el de “Los Galanes”, con su variante tónica menor - subdominante menor - dominante séptima, o el de “Raza Mora”, con su variante Mi M - Fa M - Sol M - Fa M - Mi M, al igual que, por ejemplo, “Hombres Azules” de Joaquín Quiñones y con música del siempre genial Pepe Martínez. Pero por mis palabras podríais presuponer que en estos casos la cadencia sería lógica, gracias a su temática árabe o berebere. Pues entonces os tendría que decir, queridos amigos, que incurriríais en un gravísimo error, pues no tiene porque haber un determinante de tipo para que esta cadencia sea utilizada en mayor o menor grado. Es verdad que, actualmente, se utiliza poco, pero eso podría ser, más bien, porque es una cadencia tan escuchada y, por tanto, tan pegadiza al oído, que ya poco puede sorprender. Para ello habría que ser un auténtico maestro en el arte de juntar notas sobre esta base armónica para que sonasen tan bien que encandilara los máximos oídos posibles sin que sonase, valga la redundancia, a repetido...
Bien, espero haber compartido con vosotros mis conocimientos sobre el tema, que aun siendo relativamente pocos, creo que son suficientes para poder dar sentido a este artículo. En otros artículos posteriores hablaré de la percusión carnavalesca, la que se toca a base de caja, bombo y platillo, como todos sabemos, pero que también tiene su evolución sonora en muchos aspectos, tanto en el material utilizado como en los ritmos y, por ende, las intenciones sonoras que disparen complicidades entre intérpretes y públicos, sean éstos los que sean. Pero para ello habrá que esperar un mes. Hasta entonces, buenas expectativas carnavalescas para todos... Y un poco más atentos a las cadencias que los guitarristas utilizan para las coplas del Carnaval de Cádiz.
Juan Pinto (www.diariodecadiz.com)
| << | >> | |||||
| Lu | Ma | Mi | Ju | Vi | Sá | Do |
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | |
| 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 |
| 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 |
| 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 |
| 28 | 29 | 30 | ||||
|
Estadisticas web
|