Antes de comenzar, quisiera remitirme al estribillo de una agrupación que pisó las tablas del Gran Teatro Falla en el presente año para decir que, en este “saco” de palabras que a continuación expongo “no son todos los que están ni están todos los que son dentro”, es decir, que durante todo mi comentario voy a hablar de un modo general, sin ejemplificar con nombres (pues la lista podría ser extensa), pero eso sí, ahora tirando del refranero español digo que quien se pica….
Pues bien, el motivo de este escrito no es otro que el de compartir mi opinión con otros aficionados al carnaval y, siendo sincera, también el de arrancarme una espinita que llevo arrastrando desde hace unos meses.
El Carnaval, esa fiesta que tanto nos gusta, la que nos ofrece año tras año preciosas coplas salidas de ingeniosas e irónicas plumas y acompañadas de una melodía acorde con todo lo que la agrupación quiere transmitir. Pero mi tema central, el que motiva todo esto que explico, son “las voces”, los miembros de la agrupación (ya sean cuartetos, coros, chirigotas o comparsas).
De un tiempo a esta parte, vengo observando en el mundo del Carnaval una cosa que más que no gustarme me entristece. Se trata de las desintegraciones de grupos y, con ello, de muchas amistades. Desde siempre me ha asombrado el parecido (cada vez mayor) que toma el carnaval con cualquier deporte de competición, como por ejemplo el fútbol: 20 equipos luchando por no bajar a segunda y obtener, sino la cabeza de la liga, al menos una plaza que le permita jugar en competiciones importantes. En el carnaval son 22 agrupaciones (agrupación arriba o abajo) las que compiten, cada una en su modalidad, por un premio, por un reconocimiento a su constante esfuerzo y preparación para subirse 20 minutos encima de un escenario y dar todo lo que han elaborado en unos pocos meses. Eso sí me gusta, creo que es una de las partes más bonitas del carnaval; pero eso señores, la competición sana. No es que yo piense que el concurso debe estar libre de envidias, piques, rivalidad… eso siempre lo ha habido y lo seguirá habiendo, lo único que opino es que, como en un partido de fútbol, ese tipo de “competitividad” debe quedar en el terreno de juego y no llevarla más allá del entorno laboral.
En estos días incluso he llegado a leer comentarios expuestos en ciertos lugares de reunión carnavalera, sugiriendo que la votación del concurso debía ser popular y no con un jurado, con el que la afición algunas veces no está de acuerdo. ¿Pero esto qué es?
Si se llegara a ese punto, pasaríamos de compararnos con el fútbol a hacerlo con el periodo de elecciones a Presidente del Gobierno ¿no? ¡Ala, todos los participantes en el concurso del COAC a hacer “campaña” para obtener el premio! Por favor… Ya sé que muchas veces no se está conforme con las decisiones del jurado, pero si están ahí es por algo y supongo que tendrán un conocimiento carnavalero suficiente para ocupar el sitio que ocupan. De todos modos, dejo ese tema porque no es el que concierne a estas líneas.
A todo esto, bajo mi criterio, lo que realmente está sucediendo gracias a todos estos piques y desintegraciones de grupos es que los mismos que están promocionando una cantera con futuro, prometedora, con grandes voces dignas de sustituir o equipararse a la de los más grandes conocidos en esta fiesta, ellos mismos son los que se la están cargando. Sí, mi opinión es esa. La están echando abajo cuando les cierran las puertas o cuando, una vez dentro, lo devuelven a la calle; cuando juegan con la ilusión de unos jóvenes (y algunos no tanto) que desean abrirse paso en ese mundo y que tal vez tengan mucho que aportar, se les da el cielo para después cortarle las alas y que se estrellen de nuevo contra el suelo. Ya lo dije al principio de este texto, esto no quiere decir que pase siempre, pero tampoco es muy inusual.
Pues eso, que me parece lamentable que cuando haya problemas en una agrupación la leña se queme en casa y las cenizas las echen fuera; que cuando caiga una pieza el resto sufra el típico efecto dominó, amigos hoy, conocidos mañana. Claro que es normal que en los grupos, por muy minoritarios que sean, hay conflictos, roces… al fin y al cabo somos humanos, no hay nadie igual y no nos llevamos bien con todos; pero reconozcamos que los problemas que yo tenga con cierta persona no tienen que influir en mi relación con los demás, no por estar mal con una persona tienen que salir perjudicados el resto. Me da realmente muchísima pena ver a gente que antes eran amigos inseparables y hoy no se miran ni a la cara. Yo, como una simple aficionada al Carnaval, sólo pido eso, que la competitividad quede entre las paredes del Teatro, que no sirva para desechar una cantera prometedora como la que hay y que las buenas letras, los pitos de caña y el ritmo del 3x4 no se vean cambiados por las enemistades y grescas en la Punta y por el juego sucio entre compañeros, porque lo quieran o no, todos están ahí por un mismo motivo, por una misma causa y pese a que defiendan ideales diferentes, ojala que nunca se les olvide que la competición dura unas semanas y si no terminas tan bien como hubieras deseado, ahí está el año que viene para seguir luchando con más fuerza, el carnaval es infinito, inmortal.
Tras este largo comentario sólo añadir que estoy abierta a críticas, opiniones y sugerencias a cerca de lo expuesto. Tal vez no lo haya expresado con toda la claridad que pretendía o con las mejores palabras, pero sólo soy una aficionada, un una periodista y hoy me apetecía compartir esto con mis amigos y aficionados al carnaval como yo.
Asley
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